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Lengua del pueblo, la cultura
y la Administración
Los primeros textos escritos en catalán conocidos actualmente
son fragmentos de la versión catalana del Forum
Iudicum y el sermonario Les Homilies d’Organyà,
los dos del siglo XI. El catalán tuvo una considerable
expansión como lengua de creación y de gobierno
(Cancellería Real) entre los siglos XIII y XVI, tiempo
en el que la corona catalanoaragonesa extendió sus
dominios por el Mediterráneo, a Sicilia, Cerdeña,
Nápoles e incluso a Atenas. Entre las obras literarias
de relieve universal de este período se pueden citar
las de Ramon Llull, contemporáneo de Dante, las cuatro
Cròniques, las obras de Francesc Eiximenis,
Anselm Turmeda, Bernat Metge, Ausiàs Marc o el Tirant
lo Blanc, considerada como la primera novela moderna de la
literatura occidental.
También están en catalán los grandes
textos legislativos de esa época, como son Furs
de València, Costums de Tortosa, Usatges
o Llibre del Consolat de Mar, recopilación de
leyes de comercio marítimo que se aplicaron en todo
el Mediterráneo hasta el siglo XVIII. La relación
con Italia conllevó que una de las primeras traducciones
conocidas de la Divina Comedia fuese la catalana
de Andreu Febrer y que también se tradujeran al catalán
grandes obras de la literatura del momento, como es el caso
del Decamerón.
El período de la decadencia
literaria
A pesar de que la lengua catalana tuvo un acceso precoz a
la imprenta –como lo demuestra el hecho que en 1474
aparece el primer libro impreso en catalán, Les
trobes en llaors de la Verge Maria–, en los siglos
del Renacimiento y el Barroco vivió una etapa de decadencia
en cuanto a la literatura culta. No obstante se mantuvo como
lengua de la legislación y de la Administración,
y como única lengua popular. De este período
se puede destacar la obra de Josep Vicenç Garcia y
Francesc Fontanella en Cataluña, Joan Ramis en Menorca
y Lluís Galiana en Valencia.
Después de la Guerra de los Segadores (1640-1659),
las tierras del norte de Cataluña fueron cedidas a
la corona francesa e inmediatamente el catalán fue
prohibido en la educación y en los usos oficiales.
En la Guerra de Sucesión a la corona de España
(1704-1714) los territorios de la antigua corona de Aragón
tomaron partido a favor del archiduque Carlos y lucharon al
lado de las potencias aliadas. Por eso, después de
la derrota de Almansa (1707) y de la toma de Barcelona (1714)
y de Mallorca (1715), los territorios de habla catalana perdieron
las instituciones propias y el catalán fue excluido
de la legislación y de la Administración de
justícia y municipal, de la enseñanza y de la
documentación notarial y de comercio.
La Renaixença y la recuperación
de la lengua
Coincidiendo con los movimientos del Romanticismo y del Nacionalismo
en toda Europa, la lengua catalana vivió una rica Renaixença
literaria, cuyo inicio se suele situar simbólicamente
con la publicación de la oda La Pàtria
(1833) de Bonaventura Carles Aribau, y que tuvo continuidad
con la producción poética, teatral y narrativa
de muchos autores de Cataluña, las Islas Baleares y
el País Valenciano.
En la segunda mitad del siglo XIX, este movimiento dio obras
de nivel universal y de un gran éxito popular como
son las de Jacint Verdaguer, autor de los poemas épicos
“L’Atlàntida” y “Canigó”;
Ángel Guimerà, que otorgó nivel literario
al teatro nacional con obras como Terra Baixa; Narcís
Oller, autor de novelas de una gran modernidad, como es el
caso de La febre d’or. Santiago Rusiñol,
Joan Maragall, Ignasi Iglésias, Víctor Català,
Miquel Costa i Llobera, Joan Alcover, Joan Salvat-Papasseit,
que incorporó el uso de los caligramas, Josep Sebastià
Pons y Bartomeu Rosselló Pòrcel son algunos
de los autores más populares del primer tercio del
siglo XX.
Paralelamente se iniciaron estudios sobre la lengua y se elaboraron
diccionarios (como los de Pere Labèrnia, Pere Antoni
Figuera, Josep Escrig o Marià Aguiló), tratados
de barbarismos y ortografías (como los de los mallorquines
Antoni Cervera y Joan Josep Amengual o el barcelonés
Josep Balari), que son el precedente inmediato de la normativización
moderna iniciada a comienzos del siglo XX.
Coetáneamente, el catalán se introduce en la
prensa diaria y periódica de todo el territorio, tanto
de difusión nacional como local y comarcal, con periódicos
como La Renaixença, El Poble Català,
La Veu de Catalunya y, más tarde, La Publicitat
y El Matí, y revistas como La Ignorància,
El Mole, L’Avenç y otros.
La institucionalitzación
del catalán
A principios del siglo XX, en Cataluña el catalanismo
político reivindicó la enseñanza de la
lengua catalana y su uso en la Administración. Desde
las instituciones de poder local que controló y, muy
especialmente, desde la Mancomunidad de Cataluña, Enric
Prat de la Riba dio un gran apoyo institucional al catalán
con la creación del Institut d’Estudis Catalans
(1907) y de su Sección Filológica, cuyo primer
presidente fue el mallorquín Mn. Antoni M. Alcover,
el impulsor del Primer Congreso Internacional de la Lengua
Catalana (1906) y del Diccionari català-valencià-balear
(1926-1962), principal obra de la lexicografía catalana.
El apoyo de Prat de la Riba y del Institut permitieron la
institucionalización de la tarea realizada por Pompeu
Fabra entre 1913 y 1930 (Normas ortográficas, Gramática,
Diccionario) con la que el catalán se dotó de
una normativa unificada y moderna.
La Constitución republicana de 1931 y el Estatuto de
Autonomía de 1932 permitieron a Cataluña recuperar
la Generalidad, que el catalán fuese declarado lengua
oficial y la realización de una activa política
de apoyo a su enseñanza. Las Islas Baleares y las tierras
valencianas, por el contrario, no llegaron a ver aprobados
sus estatutos de autonomía.
La dictadura y la persecución
de la lengua
Entre los años 1939 y 1975, durante la dictadura subsiguiente
a la Guerra Civil, la persecución del catalán
fue intensa y sistemática, sobre todo hasta el 1962.
Se prohibió la edición de libros, periódicos
o revistas, la transmisión de telegramas y las conversaciones
telefónicas en catalán. La exhibición
de películas era forzosamente en castellano y el teatro
se podía representar tan sólo en esta lengua.
Las emisiones de radio y de televisión únicamente
podían ser en castellano. La documentación administrativa,
notarial, judicial o mercantil era exclusivamente en castellano
y la que se realizaba en catalán se consideraba nula
de pleno derecho. La señalización viaria y la
comercial, la publicidad y, en general, toda la imagen exterior
del país era en castellano. Una fuerte inmigración
procedente del resto de España en unos momentos en
que ningún territorio de lengua catalana podía
ofrecer estructuras urbanísticas y educativas adecuadas
hizo más difícil aún la situación
del catalán.
A pesar de todo, la lengua catalana se mantuvo como lengua
de transmisión familiar tanto en Cataluña y
las Islas Baleares como en el resto de territorios de habla
catalana. En este tiempo muchos escritores formados en la
época anterior, algunos de ellos desde el exilio, como
Josep Carner, Carles Riba, Josep Maria de Sagarra, Josep Vicenç
Foix, Josep Pla, Salvador Espriu, Mercè Rodoreda, Pere
Calders, Joan Fuster, Vicent Andrés Estellés
o Llorenç Villalonga escribieron obras de gran relieve.
Hacia la normalidad
Una vez recuperadas las libertades democráticas, la
Constitución de 1978 reconoce la pluralidad lingüística
y establece que las lenguas españolas distintas del
castellano pueden ser oficiales de acuerdo con los estatutos
de autonomía. Los estatutos de Cataluña (1979)
y de las Islas Baleares (1983) reconocen el catalán
como lengua propia de estos territorios y la declaran lengua
oficial junto con el castellano, y también lo ha hecho,
con la denominación legal de valenciano, el de la Comunidad
Valenciana (1982). Paralelamente, la Constitución de
Andorra (1993) establece que el catalán es la lengua
oficial del Estado.
Al amparo de los estatutos, los parlamentos autónomos
de Cataluña, las Islas Baleares y la Comunidad Valenciana
aprobaron, entre 1983 y 1986, leyes de apoyo a la lengua catalana,
que la introdujeron en la escuela, la administración
y los medios de comunicación institucionales.
En 1998 el Parlamento de Cataluña aprobó una
nueva ley con el objetivo de promover el uso del catalán
en el mundo económico, las industrias culturales y
los medios de comunicación privados. En estos años
se han creado medios de comunicación entre los cuales
cabe destacar, por su elevado grado de aceptación popular,
TV3 y Catalunya Ràdio en Cataluña o el Canal
9 en Valencia y, últimamente, un gran número
de radios y televisiones locales en los tres territorios.
En este período, el catalán ha ido recuperando
presencia en la prensa de forma que actualmente hay diez diarios
en lengua catalana: Avui, El Punt, Regió
7, Diari de Girona y El Nou 9 en Cataluña;
Diari de Balears en Mallorca, y Diari d’Andorra
y Periòdic d’Andorra en el Principado
de Andorra, y las versiones catalanas de los periódicos
El Periódico y Segre. También
están en catalán treinta semanarios, un centenar
de revistas y más de doscientas publicaciones de ámbito
local·la edición en lengua catalana ha llegado a cotas
muy altas por lo que respecta al número de títulos
editados, que cada año se ha ido incrementando de forma
constante. En el año 1999, por ejemplo, se editaron
7.492 títulos en lengua catalana, con un total de más
de veinte millones de ejemplares.
A finales de este mismo año, el total de títulos
disponibles en lengua catalana, según los registros
del ISBN, superaba los 75.000. En el año 1994, según
un informe de la UNESCO, la lengua catalana era la décima
lengua más traducida del mundo, por lenguas de partida.
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